¿Me he vuelto insensible ante los dramas? Seguramente no, pero la habituación (pág.563) podría arruinar  mi sensibilidad: – si cada día me regalan rosas, acabare aborreciéndolas, – si cada día como lentejas, acabaré deseando cualquier otra cosa. Es un efecto general, y de fácil alcance

En relación a los dramas que me rodean, son tantos, me machacan tanto con ellos, que me insensibilizan. Los mass media, que saben como estoy, solapan un drama con el siguiente, siempre buscando algo tan dramático como lo anterior, o más.

Algunos temas me arrancaron lágrimas y propósitos de mejora: Terremoto de Haití (enero 2010), guerra de Siria (marzo 2011), Malos augurios de la economía española (mayo 2021); ¿sigo? Además están los desbordamientos, danas, terremotos, volcanes, guerra de Ucrania. Y otras guerras ya olvidadas, otros terremotos, otros tsunamis… ¡No tiene fin!

Me impactó Alan, el niño sirio ahogado en la playa… Pero también Julen (Totalán) atrapado en un pozo, Gabriel, asesinado por su madrastra, Ruth y José (hijos de José Bretón), quemados en la finca las Quemadillas, los niños desaparecidos, los violados (la manada, la otra manada,…), los olvidados. Si olvido, ¿es que me vuelvo insensible ante los dramas? Más bien no, pero tengo que vivir.

Además, me acostumbré a consumir información, con avidez, rapidez, intensidad: rr.ss., contenidos audiovisuales, noticias. Más cambios, más rápido; más habituación, más insensibilidad. ¡No hay descanso!

Estoy saturado de noticias, ninguna buena (las buenas no mejoran tanto las audiencias). Entonces no es que me haya vuelto insensible, es que mi cerebro me ayuda a no enloquecer. Son demasiados impactos negativos; si los asumiera todos, “game over”.

Cuando pueda, apagaré el móvil (si me atrevo), pasearé sin prisa (si me deja la agenda), me entretendré con cosillas simples (si sé), porque mi sensibilidad está en juego. Jugaré, me relajaré, haré cosas inútiles. Cuando encienda de nuevo el smartphone, cuando vuelva a “la vida real”, el mundo no me habrá echado de menos; seguirá igual… Pero habré vivido de verdad, al menos un ratito.

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